• Fernando

Serenidad en Meditación

No tardaremos en descubrir cuando nos sentemos a meditar, que cualquier cosa puede alejar nuestra atención de la respiración y una de las fuentes principales de distracción es nuestro propio cuerpo. Nuestro cuerpo no tarda mucho en sentirse incómodo después de pasar un rato en cualquier postura. Y lo normal es que respondamos cambiando de postura sin darnos cuenta cuando lo útil es resistirnos al primer impulso y dirigir nuestra atención a esas sensaciones, dándoles mentalmente la bienvenida. ¿Por qué? Porque en el mismo momento en que llegan a la conciencia, esas sensaciones de incomodidad entran a formar parte de nuestra experiencia presente y se convierten en objetos valiosos de observación e indagación. Nos proporcionan la oportunidad de ver directamente nuestras reacciones automáticas y todo el proceso que se produce cuando la mente pierde el equilibrio y se agita al verse desbordada y arrastrada por la corriente de pensamientos de un tipo u otro que la alejan de cualquier conciencia de la respiración.

Al incluirlos de este modo, en nuestro campo de conciencia, el dolor de rodilla, el dolor de espalda o la tensión en los hombros dejan de ser distracciones que nos impiden permanecer atentos ya que nos da una forma alternativa de contemplar la incomodidad. Así es como las sensaciones corporales, por más desagradables que sean, se convierten en aliados y hasta maestros del aprendizaje de nosotros mismos y contribuyen positivamente al desarrollo de nuestros poderes de concentración, tranquilidad y conciencia.

Jon Kabat-Zinn




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